Uno
de los retos que enfrenta la humanidad es frenar el cambio climático mediante
la reducción de contaminantes. La economía circular ofrece una alternativa para
reducir el impacto al medio ambiente. Pero, ¿Qué es la economía circular? Este
término, creado en 2010 por Dame Ellen MacArthur, sugiere la reutilización de
todos los bienes y productos tanto como sea posible. Así se busca un modelo
económico en el que se alarga el ciclo de vida de los productos evitando el
desperdicio y en el que el reciclaje es un paso fundamental.
Algunos de los beneficios
que se obtienen bajo el paradigma de la economía circular son: Primero, se
observa una reducción sustancial en el uso de recursos naturales renovables y no
renovables. Segundo, se hace un uso más eficiente de recursos naturales.
Tercero, reduce el impacto al medio ambiente y disminuye la huella de carbono.
Podemos afirmar que su importancia radica en que ayuda a que los sistemas
naturales se regeneren con mayor rapidez.
En contraste con el
sistema de producción tradicional o lineal en el que el destino de los
productos, después de su uso, es la basura; la economía circular da una nueva
oportunidad a los deshechos a través de la reutilización y transformación para
dar paso a nuevos productos. Lo mejor de todo es que el modelo circular puede
ser aplicado prácticamente en todas las industrias de transformación y
sectores, incluyendo a los servicios.
El concepto de economía
circular es tan amplio que no sólo incluye al sistema productivo, también a los
consumidores al implicar una forma más consciente en la utilización de
mercancías. Las empresas y consumidores interesados en contribuir a un
crecimiento y desarrollo sostenible con el menor impacto en la naturaleza
deberán tener en cuenta los tres pilares del modelo circular:
1. Eliminación de residuos y contaminación desde el diseño de un producto o servicio.
2. Alargar la vida de los productos manteniendo lo más posible sus usos.
3. Regenerar los sistemas naturales.
La transición a una economía
circular es un proceso que llevará tiempo, por ello organizaciones
internacionales como Naciones Unidas y sus comisiones regionales se encuentran
involucrados para promover la adopción de este enfoque. Uno de los proyectos
insignia es el de “Ciudades inclusivas, sostenibles e inteligentes en el marco
de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en América Latina y el Caribe”,
que busca el fortalecimiento de las condiciones para el desarrollo sostenible.
Debemos señalar que la
economía circular no es la panacea, pues presenta algunos límites y desventajas
como falta de aceptación entre productores y consumidores, poca normatividad
que apoye su adopción, incremento de costos en el tratamiento de residuos
difíciles de transformar, barreras en el financiamiento en los proyectos
relacionados al reciclaje y transformación, sólo por mencionar algunas. Lo
cierto es que, todas limitaciones deberán irse superando mediante la
participación activa de gobiernos, organizaciones gubernamentales y ciudadanía
antes de que los daños a la naturaleza sean irreversibles.
Desde la ciudadanía
podemos participar con acciones tan sencillas como:
1. Participar en los programas de reciclado promovidos por las autoridades locales.
2. Donación de ropas y textiles para un segundo uso, incluso entre amigos y familiares.
3. Reparación y/o mantenimiento de artículos antes de desecharlos.
Con esto dicho ¡Pongamos
manos a la obra!

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