No podíamos pasar en alto el 100 aniversario
de una de las instituciones más importantes del país, el Banco de México
(Banxico). Aunque, este post se publica con poco más de un mes de rezago del
día transcendental, ya que el banco fue fundado el 25 de agosto de 1925. En el
marco de las celebraciones, Banxico ofreció diversos eventos e inclusive emitió
una moneda de plata conmemorativa con un valor nominal de 10 pesos mexicanos,
que en términos reales se valúa alrededor de los 10,000 pesos.
En este espacio no centraremos nuestra atención en los acontecimientos históricos de la institución, tampoco evaluaremos el desempeño del instituto emisor, más bien, comentaremos sobre el fantasma o rumor que ha rondado entre los pasillos de la institución, las universidades e instituciones financieras e, inclusive, mucho antes de la implementación oficial del Régimen de Blancos de Inflación o Metas de Inflación (2001), que plantea la consecución de una meta de crecimiento económico. Ese mismo fantasma se hizo presente en este aniversario.
El fin último de esta publicación es expresar,
de manera muy simplificada, una postura teórica a favor de la adopción de un
blanco de crecimiento económico. El marco de referencia que adoptamos es el de
reglas de política monetaria, en el que destaca la propuesta del profesor John
Taylor. Advertimos que, en aras de la sencillez, nos abstendremos de emplear un
enfoque formal, sin que ello signifique que se ha observado un avance
significativo de la década del noventa a la fecha, tanto teórico como empírico.
La estructura que seguimos dedica un apartado sobre el enfoque de reglas,
seguido de un contexto general sobre el debate en torno a las metas de
crecimiento, la presentación de la narrativa de Banxico en contra de un mandato
dual y cerramos con un comentario final.
El enfoque de reglas
Los banqueros centrales pueden implementar la
política monetaria tomando decisiones discrecionales o bajo un compromiso. En
el segundo caso, se auxilian con una regla de política monetaria. Lo que los
economistas entendemos por regla, en un sentido moderno, es una forma funcional
que sugiere el comportamiento de los instrumentos de política. Esta goza de un
grado de discrecionalidad limitada de corto plazo que debe acompañarse de una
estrategia clara de comunicación. Sus fines primarios son reducir la
incertidumbre, restringir y normar el comportamiento del banco central, así
como contribuir al logro de los objetivos planteados por el banco.
Dos de las reglas de política monetaria más
relevantes son la de Friedman, también llamada regla de k por ciento, y la de
Taylor. Cada una tiene un fuerte sustento teórico, que por desgracia no
podríamos abarcar en este espacio. Basta con decir que, en el caso de la regla
de Taylor, es necesario que para que su operatividad sea posible deben de
existir otras dos condiciones. Por un lado, el tipo de cambio debe de ser
flexible (determinado por las fuerzas de mercado) y, por otro, debe de
adoptarse el Régimen de Blancos de Inflación. Al conjunto, tipo de cambio
flexible, Régimen de Blancos de Inflación y regla de política monetaria, se le
conoce como trípode de Taylor.
Como lo mencionamos, la regla de Taylor es una
expresión matemática, pero en este caso específico va a indicar que el banco
central tiene dos obligaciones bien definidas. Primero, lograr que la inflación
sea igual a un blanco definido en un horizonte de largo o mediano plazo y,
segundo, que el producto o producción sea igual a su máximo potencial. Además,
esa misma regla nos dice que el instrumento de política monetaria que el banco
central emplea es la tasa de interés de corto plazo, que comúnmente se le llama
tasa de interés de referencia.
Revisemos un caso particular como Estados
Unidos, en el que su banco central, la Reserva Federal, tiene por mandato
constitucional el lograr y mantener la estabilidad de precios y el máximo nivel
de empleo. Esta obligación traducida en números, bajo una regla, sería lograr
que los precios y la economía crecieran anualmente 2%. A esto también se le
conoce como mandato dual. Estoy seguro de que algunos lectores habrán detectado
que de pronto pasamos de una meta de máximo nivel de empleo a una de
crecimiento económico, lo cual, es totalmente válido en la ciencia económica
porque empleamos la conocida Ley de Okun, que mediante una relación inversa
empírica entre el crecimiento económico y la tasa de desempleo permite que una
variable pueda ser intercambiada por la otra.
Podríamos estarnos preguntando qué tan
diferente es el contar con una meta o blanco explícito (regla), es decir, un
número o un rango a alcanzar. Al menos mencionaremos algunas ventajas:
2. Da la posibilidad de evaluar la credibilidad del banco central.
3. Permite que los agentes económicos detecten desvíos de las metas establecidas y su posible normalización.
4. Proporciona una herramienta de evaluación de la política monetaria.
5. Fortalece la transparencia en la toma de decisiones del banco central, además de ayudarles a construir credibilidad.
6. Genera certidumbre a las empresas para la presupuestación y fijación de precios. Ayuda a la planeación del gasto de los hogares.
La historia y desarrollo de las reglas de
políticas son vastas, además de tener aspectos técnicos que requieren un profundo
conocimiento matemático cuando se modela una economía. Aunque no abordaremos el
tema a ese detalle, en la siguiente sección se expone una parte de la narrativa
en torno a la inclusión de la meta de crecimiento en la regla.
El debate de la meta de crecimiento
Al referirnos al diseño de las reglas de política monetaria, una de las primeras discusiones fue cómo incluir una meta del producto como una tasa de crecimiento, como una brecha a la Taylor o incluso no incluirla. A diferencia de la regla de Taylor que plantea como meta que la producción observada alcance un nivel máximo (el mismo John Taylor y Gregory Mankiw han propuesto establecer un blanco para el producto). En Estados Unidos se ha planteado que ese nivel se logra alrededor del 2%.
Otra discusión relevante es la que se da en
torno a incluir dentro de la regla la variable del producto potencial,
entendiéndose este último como la máxima producción que puede alcanzar una
economía. El problema que señaló Alan Greenspan, expresidente de la Reserva
Federal, es que el producto potencial es una variable no observable y existe la
necesidad de calcularla con algún método estadístico. Sin embargo, todos los
métodos tienen asociados una medida de incertidumbre, los modelos empleados por
los investigadores económicos suelen discrepar por las variables seleccionadas
o los supuestos considerados, además, no existe un consenso de cuál es la mejor
técnica para emplear.
Por otra parte, se ha argumentado que los
datos de producción suelen cambiar por ser preliminares, lo cual alteraría los
cambios implementados por el banco central en la tasa de referencia. Aunque los
diversos señalamientos generaron diversas discusiones, parece ser que son más
las ventajas que se tienen al incluir al producto, en forma de brecha, tal como
lo propone la regla de Taylor. Una de las primeras ventajas es que dota a la
regla de una visión futura de la inflación, sin que se adicionen elementos que
la hagan una expresión más compleja y de difícil comprensión para el público.
La manera de ver esto es sencilla, cuando la economía comienza a entrar en una
recesión la autoridad monetaria reaccionará estimulando la tasa de interés, no
solo para que en el corto plazo apoye a la economía a que regrese a un nivel
próximo a su potencial, sino, también, para anticipar una deflación que lleve a
los precios por debajo de su meta. Un crecimiento más allá de su potencial
aplicaría a la inversa, por lo que se esperaría una inflación futura.
Otro efecto plausible al considerar al
producto es que se hace explícito el intercambio entre inflación y desempleo,
en otras palabras, permite observar la disyuntiva de corto plazo del banquero
central entre menor desempleo a costa de mayor inflación o viceversa y, en el
largo plazo, plantea el mismo problema, pero ahora en términos de variación.
Bajo este enfoque, si el banco central se dedica únicamente a lograr un blanco
inflacionario, incrementa la probabilidad de aumentar la variabilidad en el
producto.
La resistencia al compromiso en México
En nuestro país se ha observado una resistencia al planteamiento de incluir de manera explícita al mandato de Banxico la responsabilidad del producto. Sus funcionarios, e incluso algunos académicos, suelen mencionar que al lograr la estabilidad de precios se observará la consecuencia positiva del crecimiento económico. Son dos puntos importantes que debemos mencionar al respecto. Primero, el no establecer blancos u objetivos claros de manera cuantitativa abre el espacio a la discrecionalidad de la política monetaria y, segundo, la ya mencionada variabilidad del producto. Ambos fenómenos observados a partir de la implementación oficial del Régimen de Blancos de Inflación en 2021. Lo anterior se asocia fácilmente a la falta de credibilidad del Banco de México sobre el logro de su blanco inflacionario.
Conclusión
Es cierto que Banxico ha tenido enormes avances al adherirse al Régimen de Blancos de Inflación. Ha establecido mecanismos de comunicación y rendición de cuentas que han fortalecido su reputación y credibilidad. Sin embargo, existen áreas de oportunidad como la relacionada con sus compromisos, una de ellas es considerar un blanco de crecimiento económico, así como, la implementación de forma explícita de una regla de política, por lo menos como mecanismo de evaluación.

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