Premio Nobel de Economía 2024: Instituciones, crecimiento y algunos comentarios sobre México

 

Ya son algunos años en que he dado seguimiento al premio Nobel de la ciencia económica, para ser exacto catorce. En tal lapso he procurado realizar algún manuscrito para cada edición, en ocasiones publicado en otras no, en los que intento explicar las contribuciones de los laureados en una forma muy sencilla y para todo el público. La estructura, por lo regular, es ofrecer algunos datos biográficos, una reseña de sus trabajos y algunas contribuciones alternas o influyentes en otras investigaciones. Hoy advierto que salgo del esquema y no pretendo eliminar algún sesgo o idea propia alejada del criterio científico. La razón por la que me inclino a tomar esta vía es por la naturaleza del tema, que para México, como para otros países latinoamericanos, nos invita a reflexionar sobre la situación actual.

Como es sabido, año con año la Real Academia Sueca de las Ciencias otorga el Premio Alfred Nobel de Ciencias Económicas. El pasado 14 de octubre de 2024 la premiación fue tripartita. Los acreedores de la notable distinción fueron Daron Acemoglu, Simon Johnson y James A. Robinson. Los primeros dos son profesores del Instituto Tecnológico de Massachusetts, mientras que el tercero es profesor de la Universidad de Chicago. El tema que los une es la desigualdad económica explicada por las características de las instituciones de cada nación, con lo cual logran construir un interesante puente entre la ciencia económica y la ciencia política. Aquí hay una pequeña digresión. La pobreza es un tópico tomado con bastante seriedad en países desarrollados; es común que en sus universidades e instituciones públicas existan centros de investigación destinados a su estudio. En contraste, en nuestro país son escasas las iniciativas y recursos reservados al entendimiento del tema; la historia no es tan diferente en otros países latinoamericanos. Brevemente, exploraremos algunas de sus ideas.

¿Cómo afectan las instituciones a la desigualdad?

Los investigadores al Nobel reafirman la importancia de la relación entre las instituciones y la prosperidad de una nación. La evidencia empírica muestra que las instituciones de los países más ricos son diametralmente diferentes a las instituciones de los países más pobres, pero cuál es el mecanismo que explica dicha relación. La propuesta radica en que las características institucionales proporcionan diferentes oportunidades a las personas al garantizar derechos políticos, así como, los derechos de propiedad, además de todas las aquellas ventajas asociadas con el sistema económico de cada país. Un ejemplo claro son las instituciones creadas en países que fueron colonizados, estas tenían el finde explotar a la población indígena y los recursos naturales de la región, por lo tanto, era de esperarse que los pobladores carecían de derechos humanos, de propiedad y, por su puesto, de mecanismos de participación política. En contraste, los países establecidos por colonias habían desarrollado instituciones con sistemas de participación política y económica que ampliaban las oportunidades, aunque sea de manera limitada.

El papel de las instituciones, de acuerdo con los laureados, es un determinante importante de la condición de pobreza; sin embargo, se cae en una trampa que imposibilita salir de la situación. El problema se suscita cuando existe un sesgo por parte de las instituciones políticas a favor de las elites o grupos favorecidos, que provoca que la población pierda la confianza en que se mantengan las promesas para el cambio del sistema económico. La solución sería hacer cambios en el sistema político; no obstante, quienes promueven dichos cambios también caen en incumplimiento en las reformas económicas. Es así que, las instituciones políticas tienen una fuerte influencia en las instituciones económicas que determinan en gran parte los resultados económicos nacionales. Al observarse malos resultados económicos, es común que las naciones tiendan a transitar a sistemas democráticos (transitan de sistemas autoritarios a democráticos). Las aportaciones de los galardonados indican claramente la relación entre las ciencias económicas y políticas, lo cual se había separado teóricamente siglos atrás. El enfoque propuesto marca una clara disrupción con la literatura del crecimiento económico basada en la productividad, capital humano o tasa de ahorro.

Podemos sintetizar de una forma algo atropellada la lógica bajo la cual las instituciones pueden ser categorizadas como buenas. En el caso de aquellas de naturaleza política, buscarán el desarrollo de sistemas democráticos, así como, la creación de mecanismos de participación y preservación de derechos políticos. En tanto que, las instituciones económicas garantizarán los derechos de propiedad, así como la inclusión de todas las clases sociales en los procesos económicos. En ambos casos, se evitará que se generen grupos de personas favorecidos, evitando los sesgos en las políticas o reformas políticas o económicas.

Es importante mencionar que, existen diversas teorías que intentan explicar la democratización de los países. Entre las propuestas más reconocidas se encuentran las que consideran a la democratización como resultado de los procesos económicos, establecen que las economías desarrolladas inducen a la democracia. Un segundo grupo se centra en los grupos políticos y sus capacidades para lograr una mayor democracia. Un tercer enfoque explica que, la democracia es resultado de movimientos sociales que generalmente son impulsados por la base de las clases sociales, por ejemplo, las revoluciones. Todos estos enfoques son integrados por los galardonados, logrando así que su propuesta goce de una gran aceptación.

Tomando en cuenta los factores expuestos, podemos hacer algunas afirmaciones e inferencias respecto a la situación actual en México. Primero, somos un país en el que la colonización forjó las instituciones nacionales; por ende, la democracia no es una característica observada a lo largo de la historia nacional y más bien es un esfuerzo relativamente reciente. Por otra parte, se perpetuó durante décadas un partido político que favoreció económicamente a una elite, en detrimento de la mayoría de la población y vulnerando los derechos políticos. En este caso, podríamos inferir que el desarrollo de las instituciones políticas y económicas, en los términos planteados, ha sido más lenta. De manera general, se puede observar que, en el caso mexicano, las aportaciones de los académicos acreedores al premio Nobel explican de buena forma la desigualdad que permea en el país.

Recientemente, México ha experimentado una importante transición política no solo en la presidencia, sino, también a nivel estatal, municipal y en las cámaras de diputados y senadores. Este cambio inició en 2018, cuando el líder y fundador del partido de izquierda Morena ganó las elecciones presidenciales. Desde ese entonces comenzaron una serie de cambios y reformas institucionales. Sin embargo, existen algunas diferencias necesarias de destacar respecto a las teorías que explican la democratización. Por ejemplo, el crecimiento económico ha sido bajo ya por varias décadas y el más bajo en esta última administración, así que es difícil esperar una correlación positiva y significativa entre el avance económico y la democracia en el corto plazo. Luego, son cuestionables los esfuerzos de la clase política para impulsar la democracia y la participación ciudadana en puestos de elección popular. Finalmente, el cambio de poder mencionado en realidad no viene de un proceso social; más bien, se trata de un partido político formado por integrantes inconformes de otros partidos y que han formado una nueva elite política. Es cierto que, por el momento, estas son solo afirmaciones que deberán ser estudiadas a fondo desde un enfoque científico y uno de los posibles puntos de partida puede ser el marco institucional ofrecido por Daron Acemoglu, Simon Johnson y James A. Robinson.

Como se ha mencionado, las aportaciones de los laureados se han centrado en las instituciones coloniales estableciendo que ellas influyeron fuertemente a las instituciones modernas, pero cabría preguntarse ¿cuáles son las razones que pueden modificar a las instituciones?, ¿cómo se pueden gestionar los cambios en las instituciones para conservar su buen funcionamiento?, ¿cuáles son los costos asociados en la transición de malas a buenas instituciones?, entre muchas otras.

Comentarios finales

En esta edición, el premio Nobel 2024 otorgado a Daron Acemoglu, Simon Johnson y James A. Robinson se debe a que proporcionan un marco analítico desde un enfoque institucional para explicar la desigualdad entre las naciones. De manera breve se han expuesto algunas de las ideas más importantes de las aportaciones de los galardonados. Además, vertimos algunos comentarios respecto al caso mexicano y planteamos que las contribuciones de los laureados son de gran relevancia para lograr entender y explicar la desigualdad y las instituciones. Consideramos que, bajo los recientes cambios políticos en México a raíz de la transición de 2018, los estudios orientados a entender la desigualdad por medio de las instituciones políticas y económicas toman mayor relevancia. Instamos a los lectores a profundizar más en este tema y reflexionar sobre los posibles escenarios que podremos observar en el corto y mediano plazo en nuestros países. Finalmente, para el lector que busque profundizar en el tema hay un par de artículos indispensables que marcan el inicio de este enfoque. Dejamos sus referencias abajo:

Acemoglu, D., S. Johnson, and J.A. Robinson (2001), “The Colonial Origins of Comparative Development: An Empirical Investigation”, American Economic Review 91, 1369–1401.

Acemoglu, D., S. Johnson, and J.A. Robinson (2002), “Reversal of Fortune: Geography and Institutions in the Making of the Modern World Income Distribution”, Quarterly Journal of Economics 117, 1231–1294. 

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